COMO ESCAPAR DE LA MALDICION BIBLICA DE LA FOTOGRAFIA DE MODA

by Carlos Primo, November 2016 (Spain)


>El fotografo que supo retratar a las supermodelos sin banalidad hace memoria con motivo de una retrospectiva de su trabajo en el centro Kunsthal de Roterdam. “¿Dónde está Cindy?”. La pregunta de ~~Peter Lindbergh~~ irrumpe antes de plantear la primera cuestión. “Después de la entrevista”, se adelanta su asistente mientras inspecciona los alrededores. “Allí está”. Lindbergh relaja el gesto. Cindy es la modelo estadounidense Cindy Crawford, que acaba de llegar al museo. Aunque él sea el protagonista del día –estamos en la inauguración de una exposición retrospectiva de su obra en el Kunsthal de Róterdam–, gran parte de la atención revolotea alrededor del foco magnético de un grupo de supermodelos –Crawford, pero también Milla Jovovich, Nadja Auermann, Tatjana Patitz, Karen Alexander y Cecilia Chancellor– que para muchos representan la faceta más hedonista y rutilante de la moda de los noventa. La muestra recorre diversas facetas de la trayectoria de Lindbergh, pero son los rostros de las modelos mejor pagadas de la historia los que ocupan los muros de la primera sala. Aunque han posado para decenas de fotógrafos, las imágenes de Lindbergh se distancian del resto porque las muestran de un modo insólito: en blanco y negro, con poco maquillaje, sin prendas ostentosas y en poses reflexivas. Por eso sus fotos han sabido escapar de la maldición bíblica de la fotografía de moda. Han envejecido bien. “Preparar esta exposición me ha hecho darme cuenta de que mi idea de la belleza femenina apenas ha variado”, explica. “Sabía que tenía una estética propia, pero no que fuera tan pronunciada. Mis fotografías no cambian, porque no hay nada que cambiar”. >"Hay una industria obsesionada en retocarlo todo y llenarlo de mentiras. Sustituyen la belleza real por una belleza estupida" >-Peter Lindbergh El montaje de la exposición refuerza esa sensación de continuidad. Imágenes tomadas con 20 años de diferencia se exponen juntas sin ruptura alguna. Ante ellas, Lindbergh recuerda anécdotas. Viajes exóticos. Madrugones para aprovechar, con las modelos semidormidas, un instante lumínico del amanecer que apenas dura 10 minutos. Fiestas, presupuestos infinitos y reportajes de 30 páginas. ¿Echa de menos aquellos años? “Todo el mundo piensa que los noventa fueron geniales, y está claro que lo fueron, pero el presente es igual de interesante”, explica. En medio de una nube de hashtags y selfis, resulta inevitable preguntarle por su relación (o no) con lo digital. “La fotografía digital tiene un aspecto diferente. Yo siempre tengo que quitarle nitidez, porque tiene ~~demasiada~~. También cambia el contexto. Antes, trabajaba durante horas en un mismo tema porque no podía saber si ya había logrado la toma buena. Era un proceso muy personal que no concluía hasta el revelado. Ahora la cámara tiene un cable y, tras cada disparo, alguien lo mira en una pantalla y grita indicaciones. La intimidad con la modelo ha desaparecido, y también la fotografía tal y como la conocíamos”. Hoy, cuando ya es un clásico, ¿le queda alguna asignatura pendiente? “Tengo la suerte de poder fotografiar lo que quiero y a quien quiero. No tengo restricciones. El único retrato pendiente es el de Vanessa Redgrave. Ella sí que tiene un rostro interesante”. La cuestión del tiempo planea sobre la conversación. “Llegó un momento en que me harté de ese empeño en idealizar a las mujeres, en convencerlas de que deben parecer eternamente jóvenes. Hay una industria obsesionada en retocarlo todo y llenarlo de mentiras. Sustituyen la belleza real por una belleza estúpida”. ¿Hay un cierto activismo en sus palabras? “Claro que lo hay”, responde. “Para mí, la belleza reside en la valentía para ser quien eres. Se ha pervertido la belleza, y eso es un crimen. Nos bombardean con imágenes idiotas de mujeres idénticas que hacen a la gente infeliz. Es un crimen”, sentencia como fin de la entrevista. Lindbergh se levanta para reunirse con Cindy, que titila en una constelación de flashes, brindis y autógrafos. Hay muchos tipos de belleza real, pero también hay clases. Desde siempre.